Glaucoma: qué es, por qué no avisa y cómo se trata
En breve: El glaucoma es un grupo de enfermedades que dañan poco a poco el nervio óptico y el campo visual, y es la causa más frecuente de ceguera irreversible en el mundo. En sus formas crónicas no duele y la pérdida de visión se nota tarde, por eso hace falta una revisión de ojos para detectarlo a tiempo. La vista que ya se perdió no se recupera, pero bajar la presión del ojo con gotas, láser o cirugía retrasa que el daño avance.[2][1][3]
Qué es el glaucoma
El nervio óptico es el cable que lleva las imágenes del ojo al cerebro. En el glaucoma, las células de la retina que forman ese nervio se van perdiendo, y el nervio cambia de forma: se ve más excavado o hundido cuando el oftalmólogo lo revisa.[1][2]
La pérdida de esas células se relaciona con la presión dentro del ojo (presión intraocular), aunque otros factores también pueden influir. Por eso hay personas con glaucoma aunque su presión no esté alta.[1][3]
Es una enfermedad común: alrededor del 3.5 % de las personas de 40 años o más en el mundo tiene glaucoma, y es la causa más frecuente de ceguera irreversible.[2]
Por qué no da síntomas al inicio
Las formas crónicas de glaucoma no duelen. Los huecos en el campo visual que la persona alcanza a notar aparecen tarde, cuando el daño ya avanzó.[2]
Como puede no dar síntomas hasta etapas tardías, el diagnóstico muchas veces se retrasa. Para detectarlo a tiempo hace falta una revisión con el oftalmólogo.[1][2]
Quién tiene más riesgo
Para el tipo más común, el glaucoma primario de ángulo abierto, los principales factores de riesgo son: tener más edad, tener la presión del ojo elevada, tener familiares con glaucoma, tener ascendencia africana subsahariana y tener miopía alta.[2]
Sobre la miopía: un análisis de 13 estudios con 48,161 personas encontró que la miopía se asocia con casi el doble de posibilidades de tener glaucoma de ángulo abierto (razón de momios 1.92). En la miopía de 3 dioptrías o más la cifra fue de 2.46.[4]
Tener la presión del ojo alta sin daño en el nervio se llama hipertensión ocular. No es lo mismo que tener glaucoma, pero aumenta el riesgo de desarrollarlo.[5][2]
Ángulo abierto y cierre angular
A nivel general, el glaucoma se divide en dos grandes tipos: de ángulo abierto y por cierre angular. Sus factores de riesgo son distintos.[1][2]
El de ángulo abierto es el más frecuente y avanza en silencio. El de cierre angular se presenta más en personas mayores, en quienes tienen hipermetropía y en personas de origen del este de Asia.[2]
Cómo se diagnostica
El diagnóstico se basa en tres pruebas: revisar el nervio óptico con el oftalmoscopio, medir la presión del ojo (tonometría) y estudiar el campo visual (perimetría o campimetría), que busca zonas donde no ves sin darte cuenta.[2][6]
La tomografía de coherencia óptica (OCT) es un estudio que mide el grosor de la capa de fibras del nervio de forma objetiva. Aporta una medida objetiva, pero no basta sola: en una revisión Cochrane de 106 estudios, las pruebas de imagen dejarían sin detectar alrededor de 60 de cada 200 personas con glaucoma. Por eso el oftalmólogo interpreta todos los estudios juntos.[6]
Tratamiento: bajar la presión del ojo
Bajar la presión intraocular es el único tratamiento que ha demostrado funcionar contra el glaucoma. Por lo general se empieza con gotas, y también se usan el láser y la cirugía para hacer más lento el avance.[1][2]
En el estudio EMGT, 255 personas con glaucoma temprano se asignaron al azar a tratamiento (láser más gotas) o a no tratar al inicio. Con tratamiento, la presión bajó en promedio 25 %, y el daño avanzó en el 45 % de los tratados contra el 62 % de los no tratados en unos 6 años. Es decir, el tratamiento retrasa la progresión, pero no la elimina en todos. El tratamiento se asoció con un aumento de la opacidad del cristalino.[3]
En personas con hipertensión ocular, el estudio OHTS mostró que las gotas reducen el riesgo de llegar a tener glaucoma: a 5 años lo desarrolló el 4.4 % con gotas contra el 9.5 % sin ellas. Hubo poca evidencia de efectos dañinos importantes de las gotas, pero eso no significa que todas las personas con presión alta necesiten tratamiento; se decide según su riesgo.[5]
Cuando la presión se baja entre 30 y 50 % de su valor inicial, la progresión suele frenarse. Usar las gotas con constancia mejora los resultados, y sus posibles efectos adversos deben vigilarse en consulta.[2][1]
Láser SLT
La trabeculoplastia láser selectiva (SLT) es un tratamiento con láser para bajar la presión del ojo. En el ensayo LiGHT, con 718 pacientes, se comparó empezar con SLT contra empezar con gotas. A 3 años, la calidad de vida fue similar en ambos grupos, y el 74.2 % de quienes recibieron láser no necesitaba gotas para mantener su presión en la meta.[7]
Eso también significa que cerca de 1 de cada 4 sí necesitó gotas después del láser. En ese estudio, ninguna persona del grupo de láser requirió cirugía de glaucoma, contra 11 del grupo de gotas. Con base en estos resultados, sus autores proponen ofrecer el láser como una primera opción en glaucoma de ángulo abierto e hipertensión ocular.[7]
Como cualquier procedimiento, el láser puede tener efectos indeseables. Antes de indicarlo, en la consulta se revisan contigo los posibles riesgos y si es adecuado para tu tipo de glaucoma.
Cirugía
La cirugía se usa cuando las otras opciones no logran frenar el daño. Dos tipos de cirugía son la trabeculectomía y los implantes (tubos) de drenaje.[2][8]
Son cirugías con riesgos reales. En el ensayo TVT, en personas que ya habían tenido cirugía del ojo, hubo complicaciones tempranas en el 37 % con trabeculectomía y en el 21 % con implante, y complicaciones tardías en alrededor de un tercio de ambos grupos en 5 años. La mayoría fueron pasajeras, pero cerca de 1 de cada 5 necesitó otra operación por una complicación.[8]
Lo que el tratamiento puede y no puede hacer
El daño del glaucoma es irreversible: la vista perdida no regresa. El objetivo del tratamiento es retrasar que siga avanzando. En el estudio EMGT, con personas de 50 a 80 años, su efecto se vio en distintas edades y con presión alta o normal.[1][3]
Por eso la decisión de qué tratamiento usar, y cada cuánto revisarte, se platica en consulta según el tipo de glaucoma, qué tan avanzado está y tu caso en particular.[2][1]
Cuándo consultar sin esperar
- Tienes un familiar con glaucoma: necesitas una revisión completa de ojos aunque veas bien.[1][2]
- Te dijeron que tienes la presión del ojo alta o que tu nervio óptico se ve sospechoso.[1][5]
- Tienes miopía, sobre todo si es alta, o eres mayor de 40 años y nunca te han revisado el nervio óptico.[4][2]
- Ya tienes diagnóstico de glaucoma y te cuesta aplicar las gotas, o crees que te están causando molestias.[1]
Preguntas frecuentes
¿El glaucoma se cura?
No. La vista que se pierde por glaucoma no se recupera, pero bajar la presión del ojo retrasa que el daño avance.[1][3]
¿Qué síntomas da el glaucoma?
Las formas crónicas no duelen y la pérdida de campo visual se nota tarde. Por eso se detecta en una revisión con el oftalmólogo, no por molestias.[2]
¿Puedo tener glaucoma con la presión normal?
Sí. La presión es un factor importante, pero no el único, y el tratamiento también ha mostrado beneficio en glaucoma con presión normal.[1][3]
¿El glaucoma es hereditario?
Tener familiares con glaucoma es uno de los principales factores de riesgo del glaucoma de ángulo abierto. Si es tu caso, conviene una revisión completa.[2][1]
¿El láser puede sustituir a las gotas?
En el ensayo LiGHT, 3 años después del láser SLT, el 74.2 % de los pacientes no necesitaba gotas para mantener su presión en la meta. El resto sí las necesitó, así que el seguimiento continúa.[7]
¿Si tengo la presión alta ya tengo glaucoma?
No necesariamente. Puede haber presión alta sin daño del nervio; en el estudio OHTS, a 5 años desarrolló glaucoma el 9.5 % de los participantes con presión alta que no recibieron gotas.[5]
Referencias
- Weinreb RN, Aung T, Medeiros FA. The pathophysiology and treatment of glaucoma: a review. JAMA. 2014;311(18):1901-11. PubMed 24825645 · DOI
- Jonas JB, Aung T, Bourne RR, Bron AM, Ritch R, Panda-Jonas S. Glaucoma. Lancet. 2017;390(10108):2183-2193. PubMed 28577860 · DOI
- Heijl A, Leske MC, Bengtsson B, Hyman L, Bengtsson B, Hussein M; Early Manifest Glaucoma Trial Group. Reduction of intraocular pressure and glaucoma progression: results from the Early Manifest Glaucoma Trial. Arch Ophthalmol. 2002;120(10):1268-79. PubMed 12365904 · DOI
- Marcus MW, de Vries MM, Junoy Montolio FG, Jansonius NM. Myopia as a risk factor for open-angle glaucoma: a systematic review and meta-analysis. Ophthalmology. 2011;118(10):1989-1994.e2. PubMed 21684603 · DOI
- Kass MA, Heuer DK, Higginbotham EJ, Johnson CA, Keltner JL, Miller JP, Parrish RK, Wilson MR, Gordon MO. The Ocular Hypertension Treatment Study: a randomized trial determines that topical ocular hypotensive medication delays or prevents the onset of primary open-angle glaucoma. Arch Ophthalmol. 2002;120(6):701-13. PubMed 12049574 · DOI
- Michelessi M, Lucenteforte E, Oddone F, Brazzelli M, Parravano M, Franchi S, Ng SM, Virgili G. Optic nerve head and fibre layer imaging for diagnosing glaucoma. Cochrane Database Syst Rev. 2015;2015(11):CD008803. PubMed 26618332 · DOI
- Gazzard G, Konstantakopoulou E, Garway-Heath D, Garg A, Vickerstaff V, Hunter R, et al. Selective laser trabeculoplasty versus eye drops for first-line treatment of ocular hypertension and glaucoma (LiGHT): a multicentre randomised controlled trial. Lancet. 2019;393(10180):1505-1516. PubMed 30862377 · DOI
- Gedde SJ, Herndon LW, Brandt JD, Budenz DL, Feuer WJ, Schiffman JC; Tube Versus Trabeculectomy Study Group. Postoperative complications in the Tube Versus Trabeculectomy (TVT) study during five years of follow-up. Am J Ophthalmol. 2012;153(5):804-814.e1. PubMed 22244522 · DOI